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La Trinidad

calzada trinidad 50Las referencias más cercanas del popular barrio de la Trinidad se contienen en las narraciones del padre Roa, que infieren acerca del lugar que en las colinas de los Angeles y Monte Coronado existieron numerosas cuevas en las que moraban no pocos ermitaños de independiente vida ascética, es decir, gentes que voluntariamente, sin obediencia a orden o congregación religiosa alguna ni arraigo a ninguna de ellas, practicaban la vida de soledad y recogimiento por simple y llana vocación. Este terreno que se extendía entre la cima de los Angeles y el Monte Coronado, al    parecer con docenas de cuevas muchas veces labradas por los propios eremitas con el  consiguiente y preceptivo permiso de los obispos, fue llamado «el desierto», pues desierto era la denominación que los primitivos ermitaños y cenobitas españoles dieron a los lugares por ellos elegidos para la práctica de su vida en soledad y meditación, según inspiró a los europeos San Benito, tenido como el ermitaño que más directamente nfluyó en lo que se refiere a la práctica de la vida contemplativa y de oración. Tenemos por tanto un barrio que inicia su desarrollo urbano en lo que fue campamento real de la reina Isabel; tenemos, como referencia más antigua de su paisaje, la existencia de cuevas eremíticas, lo que proporcionaba al terreno una mayor singularidad; tenemos, además de lo expresado, la circunstancia histórica de que el conjunto que más tarde formaron el convento y la iglesia de la Trinidad nació sobre la que había sido ermita de San Onofre, y tenemos, por último, la constatación de que la primera calle del barrio fue justamente la que todavía hoy se llama Calzada de la Trinidad.

Y ello, quizá, porque al finalizar el siglo XV la única vía transitable del naciente barrio fuera precisamente la mencionada, toda vez que las restantes existentes omo la Barrera de la Trinidad serían todavía campo o, como mucho, caminos polvorientos en verano y lodazales durante los lluviosos días de invierno. La que podríamos llamar colonización trinitaria por parte de la vecindad    malagueña se inició en la primera mitad del siglo XVII cuando, justificadamente al número creciente de sus moradores, se crea la iglesia de San Pablo como ayuda de la parroquia de los Santos Mártires en 1649, trinidad 1950municipalsi nos atenemos a las crónicas del canónigo Cristóbal Medina Conde. Las huertas más cercanas al convento e iglesia de la Trinidad fueron poco a poco, sin orden arquitectónico riguroso ni disposición urbana lógica, rodeadas de construcciones. Cuando las lomas próximas a ellas quedaron saturadas de edificaciones de gusto y corte popular, el avance urbano se prolongó hacia el lado de la actual calle Trinidad, calle Mármoles y hacia el río Guadalmedina, linde fronteriza con la urbe. Fue de suyo un barrio de aluvión, y poblado por gentes llegadas de todas partes, alcanzó un desarrollo notable. Ello hizo que las fronteras del Perchel con la Trinidad plantearan no pocos problemas de identidad a los habitantes de ambos barrios. Tiene que nacer la calle Mármoles para establecer la línea divisoria entre uno y otro. En efecto, puesto que los percheleros dependieron desde muy antiguo de la parroquia de San Juan y los trinitarios de la de los Santos Mártires, cuando finalmente se crean las iglesias de San Pablo (1649) y la de San Pedro nueve años más tarde es cuando verdaderamente se trazan las lindes psicológicas del uno y del otro. San Pablo se extendía desde el río hasta el convento de la Trinidad a lo largo de la acera derecha de Mármoles, y San Pedro abarcaba  desde las playas de San Andrés hasta la acera izquierda de la misma calle. El dilema fue siempre la ermita de Zamarrilla, que, situada en la acera perchelera, los trinitarios siempre la disputaron como propia.

En realidad la Cruz de Zamarrilla, levantada sobre un territorio que criaba zamarrillas silvestres próximo a unas antiguas ollerías, estuvo más próxima a la Trinidad que al Perchel. Fue precisamente el desarrollo paulatino de la calle Mármoles el que retranqueó, en favor de los percheleros, la cruz que señalaba el camino antiguo de Antequera; y cuando en 1756 se levantó la ermita en el mismo lugar, la situación ya fue irremediable: pertenecía a los Percheles. Ello, no obstante, cuando San Pablo se convierte en parroquia en 1833, extrañamente a la situación de la ermita, la tuvo como iglesia de ayuda, lo que volvió a crear nuevos problemas de identidad entre los percheleros y trinitarios más cercanos y de roce más continuo. Si a ello agregamos la leyenda del bandido del mismo nombre y el misterio de la rosa blanca que se torna roja al ser llano trinidad 1950 municipalclavada en el pecho de una imagen Dolorosa (Amargura) se justifica que, todavía, la propiedad de Zamarrilla esté en permanente discusión. Actualmente, al igual que El Perchel, el barrio de la Trinidad conserva muy poco lo que un día fue.

Fuente: Julián Sesmero Ruiz

 

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